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El aroma de la ternura

Es posible que todos, en al menos una ocasión, hemos tenido la oportunidad de tener un bebé en brazos o al menos cerca de nosotros. Si este ha sido tu caso, seguramente pudiste distinguir un aroma agradable muy peculiar, especialmente en su cabeza.

Este particular aroma no es más que un ingenioso truco de la naturaleza para procurar la supervivencia del recién nacido. Y es que te gusten o no los bebés, aquel aroma que incluso se llega a percibir dulce, es capaz de activar diversas áreas cerebrales relacionadas con una recompensa, misma que se dispara en mayor proporción en los cerebros de las mujeres.

De acuerdo con investigaciones realizadas por la Universidad de Quebec, el olor de un bebé es tan fascinante para el cerebro que incluso puede recrear el mismo efecto que sentiría un adicto a las drogas cuando sacia su necesidad en una nueva dosis.

Sin embargo, más allá del placer que esto pudiera provocar, tiene una función en específico: ayuda a que la madre y su hijo desarrollen una conexión química. Ésta, a nivel cerebral, puede ser similar a lo que pasa cuando saciamos nuestro apetito o ¡mantenemos relaciones sexuales!

En los cerebros de las mujeres, el olor del bebé ayuda a crear respuestas emocionales mutuas, ayudando a la conexión mamá–bebé y también a desarrollar otras funciones maternas, como puede ser la lactancia, el sentido del cuidado o protección hacía el infante.

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