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¿Asperger? ¿Einstein?

Aunque el experto en autismo, Simon Baron-Cohen, admite que es imposible establecer un diagnóstico definitivo de personas que han muerto, conjetura sobre la posibilidad de que Einstein tuviera una forma de autismo leve, es decir, síndrome de Asperger.

Albert Einstein, el padre de la teoría de la relatividad, fue un niño solitario que repetía frases obsesivamente hasta que tuvo siete años. Fue un pensador visual que fracasó en sus requerimientos de lenguaje en la secundaria y se apoyó en métodos visuales de estudio. La teoría de la relatividad estaba basada en imágenes visuales de vagones en movimiento y sobre cabalgar en haces de luz.

Su historia familiar tenía una alta incidencia de autismo, dislexia, alergias alimentarias, inteligencia y talento musical.

Además de leer de manera confusa y caracterizarse por su torpeza física, tenía muchos otros rasgos autistas. Pese a ello, fue un hombre que tuvo numerosos amigos, se enamoró en diferentes ocasiones y también tuvo qué decir respecto de temas políticos.

En 1944 el pediatra austriaco Hans Asperger describe este problema y considera que se debe sospechar de esta alteración si al niño le cuesta hacer amigos, no quiere ir al colegio, aprende a leer solo, repite frases continuamente o tienen una memoria impresionante.

Actualmente, el Asperger se entiende como un trastorno del desarrollo que se manifiesta en tres ámbitos del funcionamiento: las interacciones sociales, comunicación y lenguaje y habilidades o capacidades de ficción e imaginación. Importante es notar que durante los tres primeros años de vida no se produce retraso cognitivo e incluso, los niveles de funcionamiento intelectual son normales e incluso superiores.

Aunque las personas que padecen este síndrome pueden alcanzar una adaptación social bastante buena, también es posible que entren en depresión e incluso se suiciden, ya que, al alcanzar la adultez, son conscientes de su enfermedad.

Amparo, madre de un hijo de 21 años con Asperger indica, “lo que ocurre con estos niños es que tienen ventajas y dificultades. Hay que enseñarles a que identifiquen situaciones habituales de la vida cotidiana… No entienden el lenguaje no verbal, no se les debe insinuar sino explicar todo con palabras. Por otro lado, tienen una gran memoria y no tienen maldad en lo que hacen o dicen”.

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