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El juego de las hormonas

El sexo no es únicamente la capacidad de reproducirse, también es una capacidad social de atracciones, uniones e interacciones organizadas. La sexualidad encierra en su núcleo nuestra identidad, individualidad, género y nuestro ser. Y las hormonas regulan no solo la reproducción y conducta sexual sino también influyen en nuestro estado de ánimo, la memoria y el sueño.

Las hormonas sexuales están con nosotros durante toda la vida. Son sustancias que se producen en las gónadas (ovarios y testículos) y viajan por la sangre. Estas moléculas pertenecen a los compuestos denominados esteroides y entre los más importantes están las femeninas: estradiol y progesterona; y masculina: testosterona.

Las concentraciones son diferentes en ambos sexos y cambian a lo largo de nuestra vida, particularmente en la mujer durante el ciclo menstrual, embarazo y menopausia.

El estradiol y progesterona, a través de su acción en sitios específicos del cerebro como en el hipotálamo, son fundamentales en la ovulación y conducta sexual femenina por lo que, una alteración en los niveles hormonales inhiben la ovulación y por tanto, el embarazo (justamente, el efecto de las píldoras anticonceptivas).

Cuando los niveles hormonales son altos, es decir, durante la ovulación, la mujer es más susceptible a una relación amorosa, más cariñosa y dispuesta a las relaciones sexuales. En el hombre, no hay fluctuaciones cíclicas en los niveles de testosterona, por lo que su libido y potencia sexual se rigen por otros factores biológicos y psicosociales.

La ansiedad e irritabilidad que se presenta muchas veces al final de la última fase del ciclo menstrual está relacionado con la disminución en los niveles de estradiol y progesterona. Igualmente, en mujeres embarazadas, los cambios emocionales y la disminución en la sensación de dolor, se debe al aumento de progesterona que tiene efectos tranquilizantes, anestésicos y ansiolíticos. Durante la menopausia, nerviosismo, irritabilidad y depresión, se asocian a la disminución en niveles de estradiol y progesterona, propios de esta etapa.

Algunos síntomas de niveles bajos de estrógeno en la mujer, son:

  • problemas menstruales que pueden llegar a cesar
  • sofocos o sudores nocturnos
  • problemas para dormir
  • sequedad y adelgazamiento de la vagina
  • bajo deseo sexual
  • cambios en el estado de ánimo
  • piel seca

Síntomas que reflejan altos niveles de estrógeno en la mujer, son:

  • aumento de peso, acumulación de grasa en cintura, caderas y muslos
  • problemas menstruales como sangrado intenso o ligero
  • agravamiento de síndrome premenstrual
  • mamas fibroquísticas (protuberancias no cancerosas)
  • fibromas en útero (tumores no cancerosos)
  • fatiga
  • pérdida de libido
  • ansiedad o depresión
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