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La meditación

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Meditar es una “no-actividad” que se conoce desde que existe el hombre con conciencia. Tradicionalmente el conocimiento de esta práctica como tal tiene origen en el oriente, en donde forma parte de sus religiones, como el sintoísmo, budismo e hinduismo.

Es difícil definir esta práctica al tener una relación con lo más callado de la mente.

A diferencia de la filosofía occidental que busca en la mente la definición de nosotros mismos, en la filosofía hindú, se conoce la mente por separado de lo que somos en esencia, pues según ellos, nuestros pensamientos no nos definen de ninguna manera.

Una de las prácticas principales para prepararnos para la meditación es el Yoga, la cual a través del movimiento del cuerpo te permite una conexión interna que posteriormente puede evolucionar en una meditación.

Para encontrar ese estado de quietud es necesario entender nuestra existencia más allá de la razón intelectual y el cuerpo físico. La meditación es conectarnos con esa existencia espiritual.

Desde hace ya algunas décadas, la meditación se ha vuelto más popular en occidente. Dado que es una experiencia relativamente nueva para nosotros, los científicos se han puesto a investigar qué es lo que sucede en el cerebro mientras se está en un estado de meditación.

Todos han llegado a la misma conclusión, la que comprueba que un hábito de meditar tiene efectos positivos en la salud. Los estudios también han ido entendiendo los efectos que tiene la meditación a nivel neuronal:

El cerebro funciona a través de frecuencias cerebrales que se conforman de diferentes rangos de ondas. Hay frecuencias bajas que se pueden diferenciar dependiendo de su intensidad. Entre más alta la intensidad, más actividad cerebral esta ocurriendo, por lo tanto, es más difícil relajarnos. Pero cuando se baja por completo la frecuencia cerebral es común que el sueño entre, y nos queramos dormir.

La meditación es en pocas palabras, la capacidad de dirigir toda la mente a un solo objeto, que puede ser tan sencillo como concentrarse en la punta de la nariz. Lo que necesita de práctica es la capacidad de poder callar o ignorar todos los sentidos y demás ondas cerebrales para lograr mantener una completa concentración en un solo objeto y de esa manera equilibrar las ondas cerebrales para que no nos durmamos ni nos alteremos.

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