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Los zapatos del diablo

Para muchos hombres, los pies y especialmente los tacones, resultan un objeto fascinante, al punto de ser uno de los fetiches más comunes.

A través de la historia, el diseño y uso del calzado ha estado marcado por la cultura, época, normas sociales, moda, entre otras características.

Hasta el siglo XVII el calzado no distinguía géneros, siendo prácticamente el mismo para hombres y mujeres, sin embargo, apenas un siglo después, el Rey del Sol, Luis XIV, estableció nuevas normas que ayudarían a moldear los diferentes tipos de calzado que conocemos hasta hoy en día.

La extravagancia y deseo del rey por lucir siempre a la moda llevaron a que los zapateros franceses crearan los tacos, zapatos especiales que daban unos centímetros extras de altura a quienes los portaban, lo que también hacía referencia a un estatus social superior en contraste con aquellos que portaban zapatos planos.

Los tacos evolucionaron a tacones y se cambiaron a la industria de la moda, pero también podrían cambiar el cuerpo de las mujeres.

El pie es una de las partes del cuerpo con mayor número de huesos, tendones y ligamentos, mismos que le ayudan a cumplir una función de suma importancia: soportar el peso del cuerpo.

¿Qué pasa  con el pie cuando se utilizan tacones?

Según especialistas, cualquier tacón que supere los 3 centímetros de altura, sin importar su forma, a la larga, provocará deformaciones, lesiones y dolor en el pie.

Los tacones ponen al pie en una posición ajena a su estructura, pues naturalmente, la estructura de nuestros pies es como un trípode, conformado por el talón, el primer y último dedo. Cuando damos un paso, gran parte del peso se distribuye entre talón y el dedo gordo, pero con el uso de los tacones, ocurre lo contrario.

El peso se desplaza hacia adelante, aumentando gravemente la presión sobre los dedos, que deberían servir como puntos naturales de apoyo, lo que a su vez, hace que el pie no se despegué adecuadamente del suelo durante su marcha.

Aunque no está del todo claro el tiempo en que el pie puede soportar tal desajuste, es seguro afirmar que existirá daño a la larga, que va desde los pies hasta la espalda.

Los tacones pueden aportar elegancia e incluso altura, pero no son nada seguros ni saludables, especialmente cuando su uso es prolongado.

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