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¿Morbo o curiosidad?

La curiosidad morbosa, la atracción por lo sombrío es nuestra base común. Sin embargo, el morbo es cognitivo, su motivación es la curiosidad, rasgo de inteligencia activa que sale a buscar explicaciones de lo que llama su atención. La curiosidad es natural y responde al deseo de saber.

Entonces, ¿en qué momento se convierte en una curiosidad malsana?

Inicialmente, se le denominó morbo a la enfermedad física (palidez, debilidad). Posteriormente, pasó a referir a quienes presentan ese aspecto sin estar enfermos físicamente, sino más bien, mentalmente. La atracción por la enfermedad y la muerte que suele acompañar los estados melancólicos, derivaron hacia la curiosidad malsana y lo siniestro. Y pese a que el significado de morbo es variable en distintos contextos, en todos ellos se refiere a lo negativo y oculto.

Existen diferentes temas con los que se relaciona el morbo: atracción por el horror, lo negativo y enfermizo, guerra, violencia política, represión, torturas, etc, que son, justamente, temas que efectivamente detonan la curiosidad malsana.

Cuando la curiosidad natural se convierte en algo impertinente, obsesiva, malévola o chismosa, se obtiene una curiosidad malsana, es decir, morbosa.

Por ejemplo, las escenas sexuales que aparentemente despiertan el morbo, solo lo harían en la medida en que sean violentas, crueles o siniestras, mientras que las escenas de violencia son casi siempre morbosas o pueden ser vistas como morbo.

Patológicamente son escenas que pueden ser disfrutadas por su horror o bien, suscitar angustia y malestar, que en ambos casos son correlatos emocionales propios del morbo.

Existen curiosidades enriquecedoras, pero también ociosas, desastrosas o degradantes.

En fin, en todo caso, solo recordar que… ¡“la curiosidad mató al gato”!

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