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Muerte al nacer: entrevista a los padres

El doctor Jorge Neira sale de la sala y regresa momentos después. Toma la mano de la madre y con voz entrecortada, expresa: su hijo viene con malformación grave.

Las Malformaciones Congénitas Letales (MCL) son una realidad tanto compleja como dramática. Compromete tanto el aspecto físico como espiritual de los pacientes.

En México entre el 2.5% y 5% de todos los recién nacidos, tienen una malformación anatómica que puede ser mayor (con efecto significativo en la función o en la aceptación social) o menor (malformaciones estructurales con mínimo efecto en la función pero puede presentar algún efecto cosmético). 10% de las malformaciones se atribuyen a causas ambientales, 25% a factores genéticos y 65% a factores desconocidos.

Tras la noticia, los padres entran en un estado de shock. Posteriormente, regresan a una segunda consulta ya con muchas lágrimas derramadas. El doctor Neira indica:

“Cuando los papás se dan cuenta que lo que está en el vientre materno no es una enfermedad o castigo, sino que se trata de un hijo enfermo y vulnerable, merecedor de todo el arte médico, entonces disminuye la tensión en ellos: las parejas venían distanciadas y se vuelven a tomar las manos, no conversaban y vuelven a unirse en el dolor.”

Sentir al bebé vivo y saber que nacerá para morir, es una forma de amor que las parejas deciden aceptar. Los padres logran seguir adelante. La idea de abortar fue desechada en casi todas las mujeres entrevistadas y aunque los hombres se inclinaban por esta opción, finalmente deciden no hacerlo, sea en apoyo a la pareja o por determinación personal.

María Cristina comenta: “Cuando se movía en mi pancita, yo era la mujer más feliz del mundo. Le dije que yo seguiría adelante y valió la pena”. Cuando se acerca el momento del parto, la madre sabe que el encuentro será breve. Casi después de conocer a su bebé, los padres deberán despedirse. Dolor, amor, ilusión son sentimientos que las parejas atraviesan juntos.

“Me puso al niño en el pecho. Lo miré, lo examiné, lo pude ver bien. Nos miró y nos habló. Era ronquito igual a su padre. Nos reconoció. “Hola… te amamos, estamos aquí contigo”. Le daba besitos y tenía ese olorcito rico”, recuerda Carla emocionada.

El encuentro puede ser medianamente largo o durar un instante. En esos momentos los padres manifiestan gestos de amor y cuidado por todo lo esperado y sufrido. El hecho de haber dado todo lo que estuvo en manos, deja a los padres tranquilos.

El proceso de despedida y desapego ocurre en silencio y con devoción.

*El Dr. Jorge Neira es Profesor de la Facultad de Medicina UC en Santiago de Chile.

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