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Riesgo de la luz azul

El ojo del humano está adaptado para vivir en un mundo de luz. Normalmente, las personas estamos expuestas a una media de 5,000 horas de luz natural o artificial al año. El sol, permite que podamos ver pero también ocasiona el desencadenamiento de la sincronización de los ritmos circadianos internos. Sin embargo, esta misma luz solar tiene también la capacidad de dañar nuestros ojos donde, dentro el amplio espectro de longitudes de onda, algunas no resultan precisamente benignas.

La luz visible con longitud de onda corta, el que va de 380 a 500nm, incluye luz violeta, índigo, azul y alguna luz azul-verdosa. Esta luz, como toda la radiación electromagnética, tienen energía; la cantidad de energía fotónica es más energética en las longitudes de onda cortas. Por tanto, la luz azul-violeta es la de energía más alta del espectro visible y paradójicamente resulta dañina para el ojo en sus estructuras críticas.

Y aunque la luz es esencial para la visión, la absorción de energía fotónica, al ser absorbida, se puede disipar como calor y/o quedar atrapada a través de una reacción fotoquímica. La exposición prolongada a una luz intensa puede provocar lesiones térmicas. Por otro lado, los niveles menores de exposición a lo largo de la vida, pueden provocar la lenta acumulación de residuos fotoquímicos nocivos y que finalmente, provocan la muerte de las células del epitelio pirgmentario retiniano (EPR).

La radiación solar es de 25 a 30% luz azul, las lámparas incandescentes convencionales emiten poca luz azul (alrededor de 3%). Sin embargo, las fuentes de luz artificial más nuevas, producen mayor cantidad de luz azul. Las lámparas fluorescentes compactas de bajo consumo 26% está en el espectro azul y 35% de la radiación óptica de los diodos LED que emiten luz blanca fría, es azul.

La exposición crónica a los rayos UV solares aumenta el riesgo de pterigión, catarata y variedad de otras afecciones oftálmicas. Pero como los rayos UV son absorbidos por los medios oculares, antes de alcanzar la retina, los efectos dañinos se concentran en la córnea y el cristalino dejando a la retina expuesta a la parte visible del espectro solar.

Habrá que recordar que la función visual depende de los fotoreceptores, bastones y conos, de la retina. Los primeros tienen elevada sensibilidad pero baja resolución y los conos, permiten la resolución de imágenes nítida y detección de color. Bien, la luz azul puede provocar daños en los fotoreceptores ocasionando enfermedades retinales como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE); trastorno que destruye lentamente la visión central y aguda, dificultando la lectura y visualización de detalles finos.

Actualmente se investiga sobre la mejor manera de bloquear el rango peligroso de la luz azul, aunque todavía no existe una recomendación o solución eficiente y probada al problema.

 

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