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Un corazón incansable

El corazón empieza a trabajar desde antes de nuestro nacimiento e idealmente, no dejará de hacerlo sino hasta el momento de nuestra muerte. Aproximadamente dará unos 2,500 millones de latidos y su ritmo cambiará en el transcurso de nuestra vida. Al nacer la frecuencia cardíaca es de 160 contracciones por minuto. Durante la niñez, está en el orden de 100. En la vida adulta, dará unos 70 latidos.

Este importante músculo es hueco y consta de cuatro cavidades organizadas en dos circuitos, uno recibe la sangre cargada de dióxido de carbono tras haber dejado el oxígeno y nutrientes en los tejidos corporales. Esta sangre posteriormente, debe pasar a los pulmones para su oxigenación y regresará al otro circuito desde donde será enviada a todo el organismo por medio de la aorta.

Todo lo anterior es posible debido a la poderosa contracción que se lleva a cabo por una señal eléctrica que recorre de manera precisa el músculo en cuestión y organiza todas las fibras para que éstas se contraigan en el instante adecuado.

El corazón es incansable, funciona sin pausas, es un órgano extraordinariamente robusto y preparado para enfrentar las diversas demandas y dificultades que supone la vida. Con mínimos cuidados, nos puede permitir una vida longeva.

Múltiples mecanismos del sistema cardiovascular nos mantienen con vida, siendo el corazón un músculo que trabajará incesantemente con un adecuado aporte de oxígeno, nutrientes y un permanente lavado de los desechos, tarea del sistema coronario (vasos que irrigan el músculo cardiaco). Incluso, el corazón promueve el crecimiento de vasos que hacen el papel de puentes entre el sistema de irrigación, en caso de bloqueo, y los sistemas saludables… como si fuera un “diablito” colocado en el sistema eléctrico.

Si bien nuestro sistema cardiovascular cuenta con maravillosos mecanismos de protección, también es cierto que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en México. La razón no es ningún misterio. Las estadísticas muestran que las enfermedades del corazón están asociadas al sedentarismo, consumo de alimentos con altos niveles de grasas y azúcares, consumo intenso de tabaco y también, sometimiento a niveles de gran tensión nerviosa.

Así que, una forma de mantenernos vivos es hacer ejercicio, mejorar la dieta, reducir o eliminar el tabaco de nuestra vida y quizá más importante, tomarse la vida con calma porque, todo en la vida tiene solución, menos la muerte.

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