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Gilgamesh y Enkidu: parte 2

Gilgamesh y Enkidu, como nuevos amigos, deciden poner fin a todos los males de su país, incluido el dar muerte a Humbaba, el monstruo que custodia el Bosque de Cedros.

Enkidu ya había conocido a Humbaba y sabía de su terrible poder destructor otorgado por el dios Enlil. Y aunque le asalta la duda de poderlo matar, ambos salen a la cruzada. Tras algunas peripecias, logran dar muerte al monstruo y regresan a Uruk victoriosos.

Gilgamesh se lava y purifica tras matar al monstruo tras lo cual, aparece tan bello y heroico que excita el deseo de Ishtar, diosa del amor y la guerra de talante lascivo. La diosa le hace proposiciones de matrimonio pero Gilgamesh la rechaza con desdén, recordándole todos sus amoríos con hombres y animales, que había luego hecho desgraciados.

Humillada, Ishtar quiere venganza y para ello le pide al dios Anu, un toro celeste que pueda poner fin al rey altanero. El toro llega a la Tierra para ser el terror de los hombres hasta que Gilgamesh y Enkidu acaban con él. La diosa enfurecida, exige a los dioses un castigo ejemplar y éstos convienen en dar muerte a Enkidu y absolver a Gilgamesh.

Enkidu cae presa de una enfermedad que le lleva lentamente a la muerte. En su agonía maldice a la prostituta y al pastor que le llevaron a la vida civilizada para acabar de una manera terrible pero el dios Shamash le hace ver las virtudes de su nuevo estado.

Desesperado por la muerte de su amigo, Gilgamesh se inclina sobre el rostro de su amigo, se arranca los cabellos, se rasga y arranca sus bellos ropajes para envolverse en una piel de león. Luego se hace al monta para llegar hasta donde Utnapishtin, héroe del diluvio a quien los dioses le concedieron vida eterna.

En el corazón de Gilgamesh se enraíza el miedo a la muerte y éste busca la inmortalidad. Así, llega al monte Mashú, custodiado por los hombres escorpión que guardan las puertas del Sol. Luego llega al jardín de la diosa Siduru y finalmente, llega a las orillas del Mar de la Muerte donde encuentra a Urshanabi, el barquero de Utnapishtin, quien le lleva ante su presencia.

Utnapishtin narra a Gilgamesh cómo es que obtuvo el favor de los dioses para ser inmortal, advirtiéndoles que la inmortalidad está reservada a los dioses y que todo lo que haga sería inútil. Sin embargo, le ofrece una planta que hace rejuvenecer, diciéndole que su espina se clava en la mano como una rosa y de conseguirla, “la vida encontrarás”, indica.

Gilgamesh encuentra la planta en el fondo de un pozo, sin embargo, de camino a Uruk, una serpiente roba la planta con lo que se disipa cualquier esperanza de vencer a la muerte.

Finalmente vuelve a Uruk, ciudad de la que ya no saldrá hasta que, en el tiempo que los dioses han previsto para él, abandone el mundo como cualquier otro mortal.

 

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