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Fabricado para romperse: obsolescencia programada

¿Somos víctimas o autores del consumismo? Quizá desde el inicio todo fue planeado para ingresar en un ciclo sin fin de comprar, usar y desechar.

Todo inició el 23 de diciembre de 1924, cuando los principales fabricantes de focos como Osram, Phillips y General Electric, firmaron un documento en el que se comprometían a limitar la vida útil de sus productos a 1,000 horas en lugar de las 2,500 que verdaderamente alcanzaban en ese entonces.

Lograr mayores beneficios, incrementar la rotación, producción y movilizar la economía, fueron los objetivos reales. Así la fecha de caducidad o bien, la obsolescencia programada veía su nacimiento.

“Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”, así lo manifestaba un texto de la revista Printer´s Ink en 1928. Muy pronto las empresas trabajarían para, como lo dijo el diseñador industrial Brooks Stevens, “Instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”. ¿Te suena?

Sin embargo, el objetivo inicial aparentemente benéfico y positivo de impulsar la economía global, se salió del sistema para ingresar también en la psique colectiva. La posibilidad de quedar fuera del sistema funcional es una amenaza que parece muy real si no contamos con determinados productos. ¿Será esto cierto? o, ¿acaso podríamos vivir felizmente sin nuestro Smartphone?

Definitivamente, la publicidad es clave en nuestro comportamiento, debilita nuestra resistencia al deseo de querer, tener, actualizarnos o comprar, normalizando el hábito de desechar. Justamente, quizá el ciclo sin fin del consumo no sería tan evidentemente negativo, si hubiera solución real al tema del desecho. Pero actualmente generamos montañas de basura tecnológica en zonas focalizadas que casualmente, nunca es en los países desarrollados.

Se sugiere iniciar con pequeñas acciones como elegir productos de mayor calidad, que el precio de los consumibles no sea superior al del producto nuevo, optar por la reparación, evitar desechar artículos aún funcionales o bien, evitar el desecho por seguir una tendencia.

Igualmente, impulsar políticas públicas que atiendan este apremiante problema, sería la mejor propuesta aunque eso… seguramente, llevará varios años más.

 

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