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La física cuántica y la consciencia

La siguiente información es una extracción de la entrevista realizada a Stuart Hameroff, profesor emérito de anestesiología de la Universidad de Arizona y cirujano del Centro Médico de dicha universidad, mejor conocido por su trabajo en estudios sobre la conciencia y su labor al reunir a líderes mundiales bienalmente en torno a la serie de conferencias “Hacia una Ciencia de la Conciencia”.

A continuación sus hallazgos sobre la física cuántica y la conciencia:

Cuántica quiere decir, literalmente, la unidad de energía más pequeña; como un fotón, una unidad de luz indivisible. La conducta a nivel cuántico es, extraño por decir lo menos, como si fuera otro mundo. Pareciera estar dividida en dos, el mundo clásico y el cuántico.

En el mundo clásico, tenemos el mundo de todos los días, el mundo familiar en el cual, las leyes de movimiento de Newton, el electromagnetismo y otra física básica describe muy bien a todo el entorno. Es decir, si lanzamos una pelota, la trayectoria, velocidad y ubicación es predecible.

Sin embargo, en escalas infinitamente más pequeñas, como átomos y quantos, entramos en un mundo en el cual aplican leyes físicas completamente diferentes y las predicciones son mucho más difíciles. Por ejemplo, las partículas pueden estar en dos lugares o estados al mismo tiempo. Es decir, pueden estar no solo aquí o allá, sino que están aquí y allá simultáneamente.

A esto se le denomina superposición; donde las cosas pueden estar en lugares múltiples o actuar como ondas, difundidas como probabilidades más que partículas definidas con ubicaciones o trayectorias específicas.

Más interesante y complejo todavía es que algunos físicos cuánticos indican que, hasta que un sistema cuántico es conscientemente observado o medido, permanece en superposición de múltiples posibilidades, múltiples estados coexistentes. Una vez medido, la onda probabilidad cuántica, simplemente colapsa o bien, se reduce instantáneamente a un estado específico.

Todo lo anterior, resulta preciso para explicar que, según Hameroff, la conciencia deriva de esa probabilidad cuántica y según estudios experimentales de sincronía gamma, nuestras neuronas experimentan la conciencia a razón de 40 veces por segundo en una persona promedio. En otras palabras, las neuronas envían 40 cuadros por segundo multiplicado por esa compleja red neuronal de nuestro cerebro, la cual resulta en una abrumadora película de percepción de la realidad.

Un detalle por demás interesante, resulta cuando Hameroff explica la expansión de la conciencia.

Es posible que la hayas experimentado si te has visto envuelto en un accidente. De alguna manera, la percepción de la realidad es diferente ya que el tiempo parece pasar más lentamente, ¿te ha sucedido?

Bien, Hameroff refiere que esta situación es posible debido a que la probabilidad cuántica se reduce generando que las neuronas envíen el doble de cuadros por segundo, es decir, a razón de unas 80 imágenes cuánticas ocurriendo cada segundo.

Finalmente, comenta que se realizaron experimentos en monjes budistas en estado meditativo. En ellos, se encontró la sincronía gamma más alta jamás registrada, entre 80 y 100 Hertz, en tanto sujetos experimentales lo hacían a 40. Lo cual, sugiere que están teniendo una experiencia consciente por mucho más rica e intensa que una persona promedio.

Hameroff considera que cuando uno medita y alcanza la nada, o lo que la gente llama la nada, no es precisamente eso. Sino que en realidad, está accediendo a la fuente de sabiduría, es decir, a la trama básica del universo para llegar a ser conscientemente una parte de ésta.

Finalmente, refiere que la Kabbalah dice que tenemos este mundo de sabiduría y de luz, pero también tenemos el mundo de irritación y conflictos. Así, la consciencia danza en el borde entre estos dos mundos… clásico y cuántico.

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