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Verde rojo y amarillo: La historia del semáforo

 

Vivimos en un mundo en el que llegar primero es fundamental, y competimos, entre muchos factores, con nuestra propia prisa. Y nuestra paciencia suele esfumarse junto enfrente de un aparato que conocemos con el nombre de semáforo. Es ahora un correteo por ganarle a la luz roja, un conjunto de simbolismos que detrás del rojo, amarillo y verde guardan una larga historia.

En la época de los romanos se comenzó a utilizar algo parecido al semáforo con la intención de controlar la circulación del tráfico. Funcionaban a base antorchas, que controlaban el paso de carros y galeras, en los cruces más liosos de muchas ciudades. Siglos después se recreó el sistema para controlar la circulación del tráfico ferrovial y fluvial. Estas lumínicas indicaciones controlaban tanto barcos como ferrocarriles y son las antecedentes directas del semáforo actual.

El primer semáforo que controlaba el tráfico de la calle se instaló el 10 de diciembre de 1868 en Londres, en el exterior del Parlamento. Constaba de sólo dos luces, una roja y otra verde, que funcionaban a base de gas. Éste fue idea y proyecto a cabo del ingeniero británico J.P. Knight, experto en señalización ferroviaria e inventor de las luces de tráfico o semáforos. Pero desafortunadamente, su invento no duró mucho y fue clausurado cuando un fatal accidente acabó con la vida de un policía británico, al explotar una de las luces.

Con el tiempo, la necesidad de organizar la fluidez vial abrió nuevamente las puertas al semáforo. Ahora, se había originado la necesidad de saber cuándo el semáforo iba a cambiar del verde al rojo y se recurrió a un zumbador que emitía un sonido potente para alertar del cambio de luz. El 4 de agosto de 1914 se instaló el primer semáforo de la era moderna. Se trataba de un dispositivo que gestionaba el tráfico entre la avenida Euclid y la calle 105 Este, en Cleveland, Estados Unidos. Contaba con luces rojas y verdes colocadas sobre unos soportes con forma de brazo.

El sistema cambió pocos años después y se substituyo el zumbador por una tercera luz de color ámbar. Los primeros semáforos de tres luces aparecieron en 1920 en las calles de Detroit, Estados Unidos, en semáforos de cuatro direcciones y en Nueva York, donde se pusieron a prueba en la Quinta Avenida. En esa ciudad, meses más tarde, los semáforos entraron oficialmente en servicio. Sólo dos años después empezaron a funcionar de forma automática en toda la isla de Manhattan. En 1953 aparecieron los primeros semáforos eléctricos. 8 años más tarde, en el 1961, se agregó en Berlín, un dispositivo que regulaba la circulación de los peatones.

El color rojo y verde que regular el paso de vehículos fueron heredados del mundo del ferrocarril, que a su vez, le fueron heredadas del sistema marítimo. Siglos atrás, los barcos habían utilizado un código de colores para señalar el derecho de paso, mismos tonos que se siguen usando hoy en día incluso en las alas de los aviones; rojo a babor y verde a estribor. De ese modo, si dos barcos se acercaban el uno al otro perpendicularmente, uno de ellos veía la luz roja en el babor del otro, acercándose por la derecha, y el otro ve la luz verde en el estribor del primero.  El timonel que veía la luz roja sabía que debía ceder el paso al otro barco, y el que veía la luz verde sabía que podía continuar sin problemas.

Hoy en día, las bombillas de los semáforos están perdiendo terreno y la tecnología LED se impone, en pos de un ahorro considerable de energía, por su luminosidad y por su larga vida. Lo cierto es que imaginar el mundo en el que vivimos, sin los servicios de un semáforo, es imposible. Durante años, estas resplandecientes fachas, verde, roja y amarilla han servido de pie a un mundo acelerado y presuroso.

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