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Mictlán, lugar de muertos

La cultura azteca distinguía tres centros anímicos, es decir, tres ánimas. El alma tonalli (vínculo personal con el mundo de los dioses), el teyolía (entidad que viaja al reino de los muertos) y el ihíyotl (aire de noche o entidad maligna, es la que parece permanecer en la tierra después de la muerte). 

Se consideraba que al fallecer el cuerpo, la separación del alma teyolía se tomaba cuatro días y otros cuatro para descender al Mictlán. En esos ocho días el alma se quedaba cerca del cuerpo y de los lugares que había habitado.

Según el tipo de muerte, el alma podía ir a cualquiera de los siguientes:

Tlaltocan o Casa del Sol, para allá iban los que su muerte estaba relacionada con la lluvia, aguas o sacrificios al dios Tláloc, es decir, los que morían de manera gloriosa. Este lugar era descrito como paradisíaco, de abundancia y goce. En este lugar los difuntos vivirían gozosos y se convertirían en ayudantes de Tlaloc.

Chichihualcuauhco o “lugar del árbol nodriza” era el lugar de reposo de los niños muertos durante el período de lactancia. Se describe como un lugar con un gran árbol del cual se alimentarían los niños hasta que puedan volver a la tierra.

Mictlán, allá iban los muertos en batalla, las mujeres fallecidas durante el primer parto y las víctimas de los sacrificios. Al Mictlán llegaban los muertos que no habían sido elegidos por un dios.

Para llegar al inframundo había que realizar un penoso recorrido de cuatro años y al finalizar entregarían a Mictlantecuhtli los bienes que les habían servido durante el viaje. También sería ella, Mictlantecuhtli, la que reclamaría los huesos de los hombres en tanto que el Sol pediría sus corazones para mantenerse en movimiento.

Y es que los hombres, para poder existir, debían “pagar” a los dioses ya que, desde su nacimiento adquirían una deuda que no podía mas que ir en aumento al comer los productos de la tierra, al tener sexo, etc. Y por ello debían pasar por Mictlán donde esa carga terrenal habría de desaparecer o aligerar conforme se avanzaba en un trayecto tan peligroso que hasta era posible que simplemente desaparecieran sin haber alcanzado la meta.

El Mictlán no era un lugar de reposo o bienestar eternos sino uno de sufrimiento. El recorrido y los obstáculos que el alma encontraba eran:

  1. la tierra, la capa más externa del inframundo que devora el cuerpo del difunto
  2. el pasadero de agua que habría de hacerse con ayuda de un perro Xolotl
  3. el lugar donde se encuentran los cerros, se refiere a un desfiladero que tiembla
  4. el cerro de obsidiana, paso entre montañas y volcanes
  5. el lugar del viento de obsidiana
  6. el lugar donde los hombres revolotean como banderas
  7. el lugar donde se flecha a la gente
  8. el lugar donde son comidos los corazones de la gente
  9. el sitio de obsidiana de los muertos o bien, el sitio sin orificio para el humo

 

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