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El calvario de la Última Cena de Leonardo

“Llegaba bastante temprano, se subía al andamio y se ponía a trabajar. A veces permanecía sin soltar el pincel desde el alba hasta la caída de la tarde, pintando sin cesar y olvidándose de comer y beber. Otras veces no tocaba el pincel durante dos, tres o cuatro días, pero se pasaba varias horas delante de la obra, con los brazos cruzados, examinando y sopesando en silencio las figuras”.

Fueron las palabras del padre prior Vicenzo Bandello, sobre el legendario Da Vinci al respecto de su gran fresco, La Última Cena que trascendería a la historia pintada en el convento dominico de Santa Maria delle Grazie, entre 1495 y 1500.

Antes de emprender la ejecución de La Última Cena, Leonardo realizó diversos bocetos preparatorios de los personajes, sin embargo, también tomó inspiración del natural. Por ejemplo, un tal Alessandro de Parma sirvió de modelo para la mano de Jesús, mientras que, para la cabeza, encontró inspiración en un cortesano del Moro, Giovanni Conte.

Se dice que el gran Da Vinci no llegó a completar la cabeza de Cristo, Gian Paolo Lomazzo (conocedor de los ambientes milaneses) lo expone de la siguiente manera:

“Habiendo pintado todos los apóstoles hizo Santiago el Mayor y Menor de tanta belleza y majestad que queriendo después hacer a Cristo nunca pudo dar cumplimiento y perfección a aquel Santo rostro. Bernardo Zenale, por confortarlo dijo: “Deja a Cristo imperfecto porque no lo harás parecer Cristo entre aquellos apóstoles”, y así Leonardo lo hizo”.

A Leonardo le gustaba meditar a fondo la composición y cada uno de los detalles, no dudaba en rectificar los trazos y dejaba pasar mucho tiempo hasta que los terminaba, si es que lo hacía. Sin embargo, los requerimientos de la pintura al fresco, exigía pintar de una sola vez y en breve tiempo antes de que el yeso secara.

Así, Leonardo ensayó una técnica diferente, pero para desgracia de tan magnífica obra, en 1517 ya se hablaba del gran deterioro de ésta. En 1566 lo único que se distinguía era una mancha oscura. Al calvario de la obra le sucedieron restauraciones deficientes y en 1796, el estado de abandono era tal que durante la campaña de Napoleón, la sala se llegó a utilizar como establo. Para más inri en 1943, una bomba aliada destruyó la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Milagrosamente, los muros con la obra de Leonardo, quedaron en pie.

Finalmente, ente 1978 y 1999 se llevó a cabo una restauración integral que logró recuperar los fragmentos del color original de la obra poniendo a disposición la extraordinaria paleta que Leonardo aplicó en su entrañable obra.

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