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El mercurio protagónico del arte

El mercurio con su peculiar brillo tan atractivo es el único metal líquido a temperatura ambiente, lo que lo convierte en un elemento fascinante. Su símbolo Hg proviene del latín hydrargirum, del griego hydrargyros, el cual es un vocablo formado por dos palabras: agua y plata.

Suficiente para enamorar a cualquier artista. Pero en realidad, no es que existan esos hermosos ríos de plata, sino que, en la naturaleza, el mercurio se encuentra en forma de cinabrio. Este mineral surge de la combinación con azufre lo que da como resultado un interesantísimo pigmento color rojo. Y, ¿quién podría vivir sin el rojo?

Cinabrio

El cinabrio le regala al mundo ese rojo intenso denominado bermellón que está tan bellamente utilizado en los labios de La joven de la perla, además tiñe la tumba maya de la Reina Roja de Palenque, hace arder con intensidad el crepúsculo de El grito y se pliega en los mantos de La Asunción de Tiziano.

Mapeo de mercurio obtenido mediante fluorescencia de rayos X.

Otra de las propiedades de este metal, es la capacidad única para disolver el oro, creando aleaciones líquidas con el más preciado de los metales. Ni siquiera es preciso explicar el entusiasmo que ello provoca en los artistas.

El dorado es una técnica que se emplea para cubrir un material menos noble con una película de oro. De esta manera, el material resulta más atractivo sin tener que invertir una fortuna en oro macizo. De hecho, la mayoría de las piezas que observamos con el brillo resplandeciente, es simplemente madera, bronce u otros materiales recubiertos en oro.

El dorado al fuego, es decir, el proceso realizado por amalgama de mercurio, fue una de las técnicas más empleadas hasta el S. XIX. La técnica consiste en mezclar mercurio con oro en forma de viruta o limadura para después depositar la mezcla sobre la superficie a dorar. Finalmente, se calienta a temperaturas de 300ºC para evaporar el mercurio y dejar el oro adherido a la superficie.

Retablo de San Miguel de Aralar

NOTA: Los alquimistas le denominaron mercurio debido a que su movilidad se asociaba con el planeta más rápido y con el mensajero de los dioses romanos.

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