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Yuri Knórozov, el genio de los jeroglíficos mayas

En 1941 ya contaba con 21 años, era un joven excéntrico y brillante, con curiosidad innata, era amante del conocimiento. Sabía leer árabe, chino y griego. Sin embargo, ese mismo año, en un arrebato de soberbia, Hitler ordenó la invasión de la Unión Soviética. Yuri Knórozov se incorporó a la batalla y, de algún modo, logró sobrevivir por cuatro años hasta el asalto final sobre Berlín, el 16 de abril de 1945.

Ahí inició su historia sobre la escritura maya cuando, pese a que la toma de la capital alemana se decidió peleando calles por calle y casa por casa, Yuri encontró la forma de hacerse de un respiro al interior de la Biblioteca Nacional, que ardía en llamas. Logró rescatar un par de obras que cambiaron su vida: Relación de las cosas de Yucatán de fray Diego de Landa y una edición facsimilar de Los códices mayas.

Desde ese momento, Yuri Knórozov se trazó el objetivo de descifrar la escritura maya. Estaba seguro de que, «Lo creado por una mente humana, puede ser resuelto por otra mente humana. Desde este punto de vista, ¡no existen y no pueden existir problemas sin solución en ninguna área de la ciencia!».

Con esa tenacidad, formuló los principales conceptos del desciframiento de los sistemas de las escrituras antiguas en una introducción de la edición especializada llamada Textos desconocidos, para la serie titulada «Sistemas olvidados de la escritura: resultados del desciframiento», cuya publicación inició en 1982.

Explicaba que en el mundo existen tres tipos principales básicos de escrituras, lo que se distingue por la cantidad cíe signos empleados simultáneamente en esta escritura: ideográfica (más de 5000, hasta 50000 signos), silábica (80-400 signos) y alfabética (30-40 signos). También existen tipos de escritura mixtos, como la japonesa (2000 signos). De acuerdo con eso, la escritura maya, que contaba con unos 350 signos, presentaba una variante de la escritura silábica que conservaba la correlación morfémica.

De esta manera, Yuri elaboró un método científico de desciframiento de las escrituras antiguas. Aplicó este método a la escritura maya y obtuvo un resultado fantástico: ¡por primera vez leyó lo que habían escrito los antiguos mayas en sus Códices!

El desciframiento en sí se llevó a cabo con base en tres Códices jeroglíficos mayas que tienen los nombres de las ciudades europeas donde se encuentran actualmente: París, Madrid y Dresde. Resultó que para escribir los textos de los tres manuscritos se usaron cerca de 350 grafemas, los cuales permitieron a Knórozov determinar el tipo de escritura como fonética y silabomorfémica. Eso significa que cada signo maya se leía como una sílaba. Y las sílabas podían coincidir con morfemas. Después, el trabajo se centró en la lectura y traducción de los tres Códices mayas al idioma ruso. Y solo después al inglés y español.

Se trataba del Códice Madrid, con horóscopos y tablas astrológicas —el original, al parecer, fue enviado por Hernán Cortés a Carlos V, el Códice París —documento de apenas once páginas—, considerado como un manual de sacerdote maya pues describe ritos, ceremonias, profecías y un zodiaco; y del famoso Códice Dresde —con detalles del calendario maya y su sistema numérico, y probablemente escrito antes de la conquista—.

Yuri Knórozov pertenece al círculo de los grandes científicos del siglo XX que fueron capaces de sentir y entender que el futuro de la ciencia radica en el enfoque interdisciplinario. Por eso se dedicaba con entusiasmo a los temas que salían de su «estrecha» especialización como «mayista».

Es sus últimos años, Yuri logró salir de la Unión Soviética, visitó Guatemala y México. En 1995 recibió la Orden del Águila Azteca, mayor reconocimiento que se da a los extranjeros por sus méritos excepcionales en México. Luego siguieron las invitaciones del Instituto de Antropología e Historia de México y del Parque Xcaret, que publicó junto con la Universidad de Quintana-Roo «Compendio Xcaret» en tres tomos – sus obras seleccionadas.

En 1999, Yuri Knórozov falleció en San Petersburgo.

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