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El cometa de Motecuhzoma Xocoyotzin

En el México prehispánico, los astrónomos o Ilhuicatlamatinime, en náhuatl, ocupaban parte del estrato dirigente de las sociedades mesoamericanas por lo que, los mismos dirigentes tenían la obligación de observar el cielo durante las noches para tratar de establecer los convenientes nexos con los dioses.

Tradicionalmente, la aparición de un comenta se consideraba como el presagio de una catástrofe. Al cometa se le llamaba citltalin popoca que significa “estrella que humea”. Se le tenía como pronóstico de la muerte de algún príncipe, rey o bien, guerra o hambruna.

Uno de los cometas documentados, más famosos del México precolombino, es el denominado cometa de Motecuhzoma, quien de hecho, en el acto de su coronación como emperador mexica, Motecuhzoma Xocoyotzin (1466 – 1520) recibió la recomendación de observar, diversas constelaciones.

En el dibujo elaborado por el fraile dominico Diego Durán, se describe la aparición de un cometa mientras el emperador mexica observa su larga cola. El padre Durán se refiere a este cometa como uno de los augurios de la llegada de los españoles.

En la crónica que hace el padre Durán, indica que la primera observación fue realizada por un joven mancebo que servía como representación viva del Dios Huitzilopochtli en su templo. Mirando hacia el cielo, vio en la parte oriente un gran cometa que echaba de sí un largo resplandor. Sus acompañantes y la guarda, siguieron observando al cometa hasta el amanecer, cuando alcanzó el cenit.

A la mañana siguiente el mancebo acudió con el emperador para contarle lo que había visto. Temor e incredulidad es lo que se dibujó en el rostro de Motecuhzoma. Esa misma noche, el emperador subió a un mirador y notó cómo a la medianoche salía el cometa con aquella cauda tan linda y resplandeciente. Y llenándose de estupor, quedó sumido en profunda tristeza.

Muy pronto, Motecuhzoma solicitó la presencia de los astrólogos, pues su oficio era saber de las cosas nocturnas, y al preguntarles sobre la nueva señal del cielo, éstos respondieron que no la habían visto aún. El emperador encolerizado por el poco cuidado de velar sobre las cosas de la noche, solicitó fueran castigados de manera ejemplar y así fue.

Por fortuna para el emperador, había otra persona de gran sabiduría en los menesteres del cielo y astros nocturnos, Nezahualpilli, rey de Texcoco. Éste esmerado astrólogo, había observado la señal en el cielo desde hacía varios días y pensando que los astrólogos del emperador le habrían explicado ya su significado, éste se había despreocupado.

Sin embargo, ante la presencia del emperador, el rey texcocano, declaró:

“Y has de saber que todo su pronóstico viene sobre nuestros reinos, sobre los cuales ha de haber cosas espantosas y de admiración grande; habrá en todas nuestras tierras y señoríos grandes calamidades y desventuras; no quedará cosa con cosa; habrá muertes innumerables; perderse han en todos nuestros señoríos y esto será por permisión del señor de las alturas, del día y de la noche y del aire; de lo cual todo has de ser testigo y lo has de ver en tu tiempo ha de suceder; porque yo ya, en yendo de tu presencia, me iré a morir y sé cierto que ya no me verás más y ésta será la postrera vista que nos veremos en esta vida, porque yo me quiero ir a esconder y huir de estos trabajos y aflicciones que te esperan. No desmayes, ni te aflijas, ni te desesperes: has el corazón ancho y muestra ánimo y pecho varonil contra los trabajos de la fortuna”.

Motecuhzoma lloró.

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