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El día que un grupo de cocodrilos exterminó a un batallón japonés

Según las memorias, miles de litros de sangre corrieron a través de los manglares de la isla de Ramree.

Hay innumerables episodios históricos de guerra que cuentan un sinfín de atrocidades cometidas. El escenario de la Guerra del Pacifico durante la Segunda Guerra Mundial por ejemplo, fue particularmente aterrador. Sin embargo, uno de los episodios más sanguinarios de este periodo no fue perpetrado por humanos, sino por la furia del mundo animal.

Durante semanas, un pantano infestado por cocodrilos de la isla Ramree fue escenario de una brutal batalla entre japoneses y Aliados quienes ofrecieron resistencia minando el campo de batalla y construyendo nidos con ametralladores.

Tras una larga y exhaustiva batalla, las tropas aliadas lograron anotarse una victoria flanqueando la fortaleza japonesa para posteriormente, expulsar a sus ocupantes. Los aproximadamente 1,000 soldados se vieron obligados a organizar una línea de defensa a la espera de que un batallón de refuerzos pudiera auxiliarlos, dicho sea de paso que esa ayuda nunca llegó.

Los británicos finalmente lograron ocupar cada punto de la isla, orillando a sus enemigos a seguir adentrándose en los pantanos, unos 16 kilómetros de tierra fangosa repleta de mosquitos y muchos insectos venenosos. Se piensa que los oficiales japoneses tenían la certeza de que al cruzar los pantanos, se encontrarían con tierras más elevadas.

Imaginemos la escena: un clima terriblemente húmedo, serpientes, arañas y escorpiones atacando desde los arbustos. Para rematar, no tenían comida ni agua para recobrar sus fuerzas. Los hombres caían muertos y cuando por fin podían detenerse a descansar, eran bombardeados desde la costa por tropas británicas. A pesar de todo esto, lo peor estaba por llegar.

Una noche, los exhaustos soldados ingresaron tambaleándose a un pantano, las prendas sucias, chorreantes de sangre fueron como una campanada anunciando que la cena estaba servida. Los soldados fueron salvajemente masacrados por cocodrilos de agua salada; animales que pueden alcanzar los seis metros de largo y pesar casi una tonelada.

Los reptiles se lanzaban por centenas contra los hombres que eran arrastrados hasta el agua para luego ser despedazados. Los soldados intentaban disparar a todas partes, pero los animales ni siquiera sentían intimidación.

Desesperados, optaron por treparse a los árboles o correr, sin embargo, cuando un cocodrilo fijaba la mira en uno, avanzaba rápidamente y atacaba a su víctima hasta que las turbias aguas del pantano se tornaban rojas. Algunos hombres se reunieron en grupo y se daban la espalda entre ellos para armar una periferia de vigilancia, sobra decir que no sirvió de nada. Para aquellos que se refugiaron en los árboles rápidamente tuvieron que descender a causa del estrés generado por los incesantes gritos de dolor de sus compañeros, sólo para correr la misma suerte.

Las tropas británicas que patrullaban cerca del pantano lograron escuchar los disparos y gritos de pánico de los japoneses; a medida que transcurría la madrugada éstos fueron cesando.

Cuando el sol inundó el cielo, zopilotes y buitres sobrevolaban el pantano, ansiosos de limpiar los restos de los casi 1,000 soldados japoneses que entraron al pantano de Ramree.

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