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Dioses moralizantes para la estabilidad social

El desarrollo de grandes y complejas entidades políticas, no se le deben a los grandes dioses, propios de las religiones moralizantes. Contrario a lo que se piensa, la inspiración religiosa no dio origen a la convivencia y cooperación dentro de sociedades heterogéneas.

Sin embargo, deidades moralizantes aparecieron desde bien temprano en la historia de Egipto. Ma’at era venerada como diosa de la verdad, la justicia, moral y equilibrio. A ella le siguieron otras figuras en Mesopotamia, Anatolia y China, antes de la expansión de las religiones más dominantes como el Zoroastrismo y Budismo, después vino el Cristianismo e Islam.

En un estudio por la Universidad de Oxford, publicado por la revista Nature, se analizaron 414 unidades políticas de 30 regiones geográficas, en un periodo que parte del Neolítico a la época industrial o colonial. A cada ciudad la calificaron con un índice de complejidad social y se identificó la existencia o no, de divinidades moralizantes (como el Dios de Abraham), sistemas equivalentes de creencias que inspiraron formas de castigo, origen sobrenatural, transgresiones morales (como el karma en el Budismo).

El estudio concluyó que la complejidad social sucedió antes de los dioses de la moral. Incluso se observó que entre más tardaron en aparecer las divinidades moralizantes, mayor complejidad social se obtuvo.

Los autores del estudio consideran que fueron los rituales y el reforzamiento de las autoridades religiosas, el elemento que permitió unificar numerosas poblaciones, al favorecer la parición de identidades comunes en los grandes estados.

Definitivamente, la causa de la evolución de megasociedades no fue gracias a dioses benevolentes pero es muy probable que haya sido la adoración a estas divinidades lo que coadyuvó a mantener la estabilidad de los grandes imperios.

Como se sabe, religiones de la antigüedad, imponían sacrificios a los dioses pero no intervenían en las relaciones civiles. Las religiones moralizantes, por el contrario, impulsaron a las personas a adoptar conductas que benefician a la sociedad con valores como la cooperación o altruismo, elementos necesarios para lograr la cohesión de las grandes sociedades como fue el caso del Imperio Romano que convirtió el cristianismo en su religión oficial.

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