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El Sol para Mesoamérica

La fuente más luminosa y poderosa en el cielo es el Sol. No hay manera de obviarlo por lo que el registro de la estrella más próxima ha sido amplia en todas las civilizaciones del mundo.

En Mesoamérica fue también la fuente fundamental de las concepciones cosmológicas y religiosas pero por su relevancia en la regulación del ciclo de las lluvias y secas, les llevó al desarrollo de un calendario de base solar con el registro de las fechas de solsticios, equinoccios y pasos cenitales locales. Los extremos solsticiales norte y sur en ambos horizontes marcaría las cuatro esquinas del mundo y sería representado en glifos, mapas y diseños de tradición indígena.

La fiesta del Panquetzaliztli de los mexicas, se llevaba a cabo en los albores del solsticio invernal en honor al nacimiento de Huitzilopochtli. Uno de los mites refiere sobre el nacimiento de la deidad solar del vientre de su madre en la montaña de Coatepec y su Centzohuiznahua, quienes simbolizaban los poderes nocturnos de la luna y las estrellas del sur. Aún ahora, durante el solsticio de invierno, cuando el sol alcanza su posición más meridional sobre el horizonte, es posible apreciar desde el cerro de Chapultepec, la salida del sol sobre el vientre del Iztacíhuatl.

Por su parte, en la región maya, en las inmediaciones del Trópico de Cáncer, se encuentra Alta Vista, uno de los sitios arqueológicos que, dada su ubicación, se ha propuesto como observatorio astronómico y es probable que haya dado oportunidad a la observación del paso cenital del sol. Cuando ello sucede, dos veces al año sobre el medio día, las sombras proyectadas sobre un observador en posición vertical, desaparecen. Otros sitios donde se podrían haber realizado observaciones del paso cenital solar son Xochicalco en Morelos y Monte Albán en Oaxaca.

Vinculado a la posición cenital del sol, es el nadir, posición del sol a la medianoche en línea vertical opuesta a su posición cenital. Nadir, es pues el concepto del sol en el inframundo. Para las nahuas, Tonatiuh, el dios sol, se introduce al atardecer en la boca de Tlaltecuhtli, el monstruo de la tierra, quien lo devora y alberga en sus entrañas, mientras las estrellas y la oscuridad de la noche emergen del otro lado. Entre los mayas, el sol nocturno, es equiparado con la imagen telúrica del jaguar, cuya piel manchada simbolizaba la noche estrellada.

El cenit y nadir, las posiciones opuestas indicaban el arriba y abajo del camino del sol, representada en los glifos direccionales de los mayas. De hecho, en la tumba del gobernante Wacah-Chan de Río Azul, se encuentra una inscripción de la fecha en la que Venus y la Luna se encontraban en el nadir y cenit (del 6 al 7 de marzo de 502 d. C.). Así, la Luna en lo alto de los cielos y Venus en el centro del inframundo, indicaba para los mayas del Petén, la fecha de las ceremonias fúnebres. Su simbolismo está a la vez, asociado con el árbol del centro del mundo, que algunos autores han interpretado como la Vía Láctea, que apunta con sus extremos hacia arriba y abajo del Universo.

La observación del movimiento solar, consistía en una cuenta de 260 días compuesta de 13 signos calendáricos. Se ha propuesto que los orígenes de esta cuenta ritual, está vinculada con el periodo de gestación humana, pero también basado en el cielo venusino, debido a que la duración coincide cercanamente con los periodos de visibilidad del planeta.

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