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La Biblioteca de Alejandría

Museo y Biblioteca estaban estrechamente vinculadas. Museo deriva de la palabra musa que fueran en plural, hijas de Zeus, protectoras de la actividad artística e intelectual. Así museo, era el lugar de culto a las musas y donde florecía la actividad poética, musical o intelectual.

 

Entonces, el Museo de Alejandría fue el lugar donde los hombres más sabios podían alojarse y dedicar su tiempo al estudio y trabajo intelectual, sin preocupaciones materiales, pues les era asignada una pensión anual que cubría todas sus necesidades.

La Biblioteca de Alejandría estaba a disposición para consulta, ostentando contener todas las obras del mundo. Fuentes, columnatas, jardines botánicos, zoológico, salas de disección y un gran comedor eran algunas de las áreas que se podían encontrar dentro del complejo. Estaba constituida por una serie de salas, cada una, dedicada a un tema particular con pórticos en cuyas paredes habían nichos para guardar los manuscritos. Las obras estaban realizadas en papiro, en formato de rollo.

El rollo normalmente contenía diversas hojas de papiro pegadas entre sí. La longitud oscilaba entre los 6 a 10 metros pero en ocasiones, superaba los 40 metros. El papiro se enrollaba a una varilla cilíndrica de madera o metal y de las puntas colgaba una lámina donde se escribía el nombre del autor y/o título de la obra. La escritura era de derecha a izquierda y normalmente en columnas.

Matemáticos como Euclides, Arquímedes e Hipatia, filósofos como Plotino y Filón de Alejandría, poetas como Calímaco y Teócrito, médicos como Galeno y muchos más fueron todos usuarios de la gran Biblioteca de Alejandría.

La mítica Biblioteca ardió en llamas en torno al año 47 o 48 a.C. durante un episodio bélico entre las tropas romanas con Julio César y su aliada Cleopatra VII, contra las tropas egipcias de Ptolomeo XIII con el general Aquila a la cabeza. Cuando César ordena incendiar los barcos enemigos, el viento hizo propagar el fuego hasta la Biblioteca destinándola a la irremediable destrucción y reducción de numerosas obras.

Y aunque el edificio, aún con suficientes obras sobrevivieron a este evento, en el año 391 con el reinado del emperador cristiano Teodosio I, se hicieron clausurar todos los templos paganos y con ellos, el Museo y Biblioteca de Alejandría. Quizá no destruidos sino convertidos en monasterios o iglesias, pero lo cierto es que grandes obras desaparecieron para siempre.

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