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Virgen de Guadalupe: ¿Mexicana, Española, Árabe? (parte uno)

En algún momento a mediados del siglo XIII, en Extremadura, España, Gil Cordero descubrió una pequeña imagen islámica parecida a la Virgen María en el banco del río Guadalupe. La imagen de madera tenía la piel de color marrón oscuro y estaba encima de la luna creciente, símbolo del Islam.

El propio nombre del río “Guadalupe” deriva de la palabra árabe guadale que significa río y lupo que, en latín, significa lobo. Tanto la imagen como el nombre, eran restos de la ocupación árabe de España.

Evidentemente, el descubrimiento de la imagen tallada fue visto como señal divina y en 1338, el rey Alfonso XI ordenó construir un templo en el lugar del hallazgo. La imagen fue conocida como “Nuestra Señora de Guadalupe”, el templo se construyó en su honor y réplicas de la talla fueron hechas para propagar su veneración.

El descubrimiento fue visto como una prueba de que la expulsión de los moros había sido voluntad de Dios, por lo que muy pronto, se congregaban muchos fieles. Uno de ellos, era un soldado llamado Hernán Cortés, quien profesó profunda devoción a la Virgen llevando consigo una imagen de ella en su bandera a dondequiera que iba.

Por otro lado, en 1495, Cristóbal Colón inició la trata de esclavos enviando 550 nativos. Y, dado que, estas extrañas y “salvajes” personas eran de la misma complexión que la imagen de Nuestra Señora, los Reyes de España declararon a la Virgen como “Protectora de los indios”. Un año después, los esclavos fueron llevados al templo y fueron bautizados en honor de la Virgen del Río Lobo.

 

Cuando Cortés invade la Gran Tenochtitlán en 1519, lo hace enarbolando la imagen de la Virgen. Según el historiador Lorenzo Boturini, la imagen la describe como: “Una bella imagen de la Virgen María fue pintada en ella. Ella llevaba una corona de oro y estaba rodeada por 12 estrellas de oro. Ella tenía las manos juntas en oración, pidiéndole a su hijo para proteger y dar fuerza a los españoles para que pudieran conquistar y cristianizar a los paganos”.

En 1528 llegaría a la Nueva España un orgulloso de la Inquisición, Juan de Zumárraga quien ordenó quemar bibliotecas, destruir templos, detener y/o asesinar a quien no aceptara la nueva religión. A pesar de ello, los mexicanos aún se reunían para venerar la energía de Tonantzin en el cerro del Tepeyac.

Los españoles contaron con la ayuda de un artista Tlaxcalteca, Marcos Cipac de Aquino, para pintar una nueva imagen y colgarla sobre el ahora, templo cristiano del Tepeyac. Todo ello, esperando que la interpretación de la Virgen, pintada por uno de los suyos, inspirara a los mexicanos a la conversión. Zipactli basó su pintura en la imagen original de la bandera de Cortés, sin embargo, eliminó las 12 estrellas alrededor de la cabeza, dejando únicamente la corona.

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