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Desigualdad e Independencia en 1800

Si bien la Independencia fue una victoria para la evolución de la historia mexicana, la realidad es que también fue una transición caótica para el pueblo mexicano.

Alexander Von Humboldt escribió lo siguiente:

“La Nueva España es el país de la desigualdad. Quizá ninguna parte la haya más espantosa en la distribución de caudales, civilización, cultivo y población. La arquitectura de edificios, públicos y privados, la elegancia de los muebles de las casas, el lijo de los vestidos de las mujeres (de sociedad) y el tono de la (alta) sociedad, todo anuncia un extremo que contrasta con la desnudez, la ignorancia y la grosería del populacho”.

Y es que, mientras en Venezuela el ingreso de los más ricos era de unos 10mil pesos anuales, en Cuba el ingreso era de 35 mil. En Perú la riqueza estaba sobre los 6mil y en la Nueva España rondaba los 200mil. ¿Qué tanto ha cambiado esta realidad?

Convulsiones sociales, carencia de cultura y transparencia fue el marco social tras la proclamación de la Independencia. La desigualdad permeaba hasta las cúpulas de poder, por ejemplo, el clero, elemento decisivo para la proclamación.

El arzobispo de México percibía 150mil pesos mensuales, mientras que el de Puebla recibiría sobre 120mil. Los españoles peninsulares eran preferidos sobre los criollos para ocupar los cargos mejor remunerados. Sin embargo, la lejanía de ciertas rancherías ocasionó que se les permitiera a los mestizos ordenarse como sacerdotes por la módica cantidad de 20 o 30 pesos mensuales.

Este tipo de desigualdades al interior de los grupos de poder fue crucial para la desintegración del frente unido que hubiera requerido el movimiento contra insurgente. Pero como sucedió así, desde el púlpito se alentó con vehemencia a que se tomaran las armas junto al cura Miguel Hidalgo, José María Morelos, Mariano Matamoros y el padre Torres, entre un gran etcétera.

Y bien dicen que la fe mueve montañas, en este caso, al menos empujó la balanza hacia la consecución del movimiento independentista.

Así pues, en parte, el ánimo de emancipación surgió de causas internas como la búsqueda de una mejoría económica. Pese a ello y a pesar de guerras, revoluciones y luchas sociales, la mala distribución de la riqueza en México sigue galopante en la actualidad.

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