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La consciencia en la ciencia

¿Acaso la consciencia es ahora materia de estudio de la Academia? En realidad, siempre lo ha sido pero sin poder dar el salto hacia los rígidos requerimientos de la ciencia. Tradicionalmente, las ciencias exactas han ponderado lo puramente tangible, comprobable, mesurable y repetible. Digamos que los temas metafísicos se han quedado siempre al margen esperando su momento.

Bien, pues parece ser que se ha tendido un puente. La consciencia es una de las verdades fundamentales de la existencia del ser humano y es un tema que aborda el filósofo Philip Goff, cuyos fundamentos los encuentra en las partículas elementales.

En entrevista, Goff menciona que “El compromiso básico es que los componentes fundamentales de la realidad, tal vez los electrones y los quarks, tienen formas increíblemente simples de experiencia”. Lo anterior lo resume como panpsiquismo.

Según Goff, el panpsiquismo define la consciencia no como la capacidad de reflexionar sobre la propia existencia, sino más simplemente como la capacidad de experimentar el mundo de alguna manera: sentir dolor o placer, para ver imágenes o escuchar sonidos.

En términos prácticos Goff sugiere que, por ejemplo, los perros pueden responder ante actitudes concretas de sus dueños, en tanto que los gatos encuentran placer al tirar nuestras cosas de las mesas. El consenso general, según dice, parece ser que, a medida que las formas de vida se vuelven más y más simples, éstas son cada vez menos conscientes hasta que, en algún momento, simplemente dejan de serlo.

Sin embargo, la consciencia se desvanece pero no se apaga por completo, sino que se convierte en materia inorgánica, es decir, en formas de experiencia tan simple. Lo anterior, según Goff, lo que “nos ofrece es una manera bellamente simple y elegante de integrar la conciencia en nuestra cosmovisión científica”.

Así también el neurofísico estadounidense Christof Koch, menciona que, «Una suposición mucho más razonable es que, hasta que se demuestre lo contrario, muchos, si no todos, los organismos multicelulares experimentan dolor y placer, y pueden ver y oír las imágenes y los sonidos de la vida»; «Incluso un gusano quizás tenga una sensación muy vaga de lo que es estar vivo».

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