Home / A dónde vamos / marzo 8 y 9, por la plena ciudadanía y democracia social

marzo 8 y 9, por la plena ciudadanía y democracia social

Desde mediados del siglo pasado ha surgido la preocupación por el desarrollo del Tercer Mundo. Se dieron políticas de modernización, crecimiento acelerado, estrategias de redistribución y medidas compensatorias. El proceso implicaba la filtración hacia abajo con el enfoque puesto hacia el desarrollo y bienestar primero orientado hacia los más pobres y luego, hacia los grupos vulnerables. Ahí estaban las mujeres. A partir de 1975 las estrategias se concebían dentro de los siguientes supuestos:

  1. Las mujeres como receptoras pasivas, consumidoras y usuarios de recursos
  2. La maternidad como rol prioritario de las mujeres
  3. La crianza de los niños como el desempeño más efectivo de las mujeres en su contribución al desarrollo

Así, la mujer fue definida con el rol reproductivo y el varón, con el rol productivo. Por ello, a partir de los setenta, los programas de planificación familiar engrosaron el enfoque de bienestar como acciones para el desarrollo.

Posteriormente se diseñó la estrategia para incorporar a las mujeres al mercado laboral para mejorar la productividad de las actividades femeninas en los trabajos domésticos y remunerados. Derivado de ello, se propugnó una mejor educación y capacitación para aumentar las oportunidades de empleo y acción política. Sin embargo, la falta de acceso de la mujer a la tierra y al capital, así como la discriminación en el mercado laboral, siguieron siendo la base de la subordinación de los hombres hacia las mujeres.

Ya para 1991, dentro de los círculos de planificación, apareció la preocupación de que las mujeres son esenciales para el éxito de los esfuerzos del desarrollo en su conjunto. Sin embargo, esta importante premisa no derivó en una meta de desarrollo en sí misma.

No obstante, la comprensión ideológica de las Naciones Unidas permitió el paso de las mujeres con el rol de la maternidad, al rol multifacético y productivo. Ese giro se denominó Mujeres en el Desarrollo (MeD). Se entendió también que la marginación de la mujer obstaculiza el desarrollo para una sociedad justa, lo mismo que el ejercicio igualitario de los derechos entre individuos.

Otra de las tendencias que apareció junto con el MeD, fue la de género en el desarrollo (GeD), vinculada a los avances de la teoría feminista con los conceptos de género y empoderamiento, cuyo objetivo es el cambio de las relaciones asimétricas e injustas entre los géneros, el mejoramiento de todas las personas y la sociedad en conjunto, tanto en términos materiales como físicos y emocionales, con el objetivo final de lograr la plena ciudadanía y democracia social.

Finalmente, también aparece el concepto de empoderamiento que busca el cambio de vida de las mujeres en el proceso de transformación de las estructuras sociales. Es una estrategia de las mujeres para ganar poder por sí mismas.

La mujer en el desarrollo ha tenido una larga trayectoria que ha pasado de lo invisible a lo protagónico, sin embargo, resulta imperioso encontrar el justo medio para que exista la plena ciudadanía sin perder el potencial de desarrollo en el empoderamiento.

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba