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La tristeza de los elefantes

La evolución de los elefantes es solo comparable con la de los chimpancés y los delfines. Tienen un cerebro grande que los convierte en animales muy inteligentes. No sólo tienen memoria impresionante sino que también tienen comportamientos sociales realmente avanzados.

Los majestuosos paquidermos son afectuosos entre ellos, tienen una dignidad y sentido de la familia difícil de encontrar en otras especies. Cuando los solteros abandonan la manada para perseguir a las jóvenes hembras, reciben la enseñanza de un elefante adulto al que posteriormente, acompañan a las zonas pantanosas durante su vejez para que se alimente de plantas más blandas. Además, le protegen de hienas, cocodrilos y otros depredadores. Igualmente, las madres cuidan a sus crías con la propia vida, hasta extremos realmente emocionantes.

Estos maravillosos animales pueden comunicarse con los vecinos que están a muchos kilómetros, los infrasonidos que emiten desde sus estómagos, están en la misma frecuencia de onda que el de esos prehistóricos espectros marinos, las ballenas. Sus vibraciones palpitan por todo el planeta creando canales que cubren todo su hábitat. Con la ayuda de sus enormes orejas y patas, reciben de vuelta los impulsos de una forma casi mágica.

Los elefantes son una de las pocas especies que experimentan duelo por sus muertos. La tristeza de estos animales se expresa a través de pequeños rituales funerarios cuando muere uno de los de su especie. No necesariamente tiene que ser de su manada. Si encuentran un cadáver o huesos de uno de los suyos, siempre se quedan ahí, rodeándolo, como rindiendo una especie de homenaje.

Una manada de elefantes tuvo que ser acogida por Lawrence Anthony, en la reserva de Thula Thula en Kwazulu, porque de lo contrario, habrían sido cazados. Anthony puso su vida en peligro al impedir que la manada que se dirigía con ímpetu hacia la cerca eléctrica de alta tensión, escaparan.

Su voz y serenidad orilló a que los elefantes se detuviesen. La matriarca traumatizada, se detuvo por un momento para observar a Lawrence quien logró convencer a esta enorme hembra de que se calmara. Y sucedió. Desde entonces, se desarrolló una hermosa relación entre Lawrence y los elefantes.

Cuando en 2012 Lawrence falleció, víctima de un ataque cardíaco, un episodio asombroso tanto como inédito, tuvo lugar. Resulta que dos días después de su deceso, los elefantes salvajes que había rescatado, llegaron a su casa, con diferencia de un día. Ambas manadas iban guiadas por una matriarca. Caminaron cerca de 20km para llegar hasta allí, un total de 31 ejemplares en fila india.

Rodearon la casa y se mantuvieron con trompas gachas, sin aceptar comida o bebida, por dos días. Su tristeza y respeto fue expresado para darle el último adiós a su gran amigo. Al tercer día, partieron con solemnidad.

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