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Del jabón y mexicanos semisalvajes

El México en ciernes de la dictadura porfiriana velaba por mejorar la higiene de las ciudades y de sus habitantes, por lo que los médicos de la ciudad de México tenían una importante labor: conservar la salud y aumentar el bienestar.

Por ello y desde entonces, se prohibió arrojar a la vía pública toda materia fecal de la población mexicana al igual que residuos de sustancias animales. La anterior fue ciertamente, una política afortunada como también resultó ser la de promover el aseo personal. Y es que el baño no era una costumbre y mucho menos un hábito, sino todo lo contrario. Esta actividad era privativa de los grupos privilegiados quienes tenían a bien atender a este evento una vez al mes o, en el mejor de los casos, de manera semanal.

En los manuales de higiene se difundió la idea de que, lavar el cuerpo era requisito para la salud y se especificaban el detalle del baño de jabón:

“La aplicación del baño de jabón es muy sencilla: el bañista va provisto de un gran trozo de jabón ordinario y un amplio guante de lavar o estropajo. El que se baña, colocándose desnudo delante de la vasija a lavar que contiene agua caliente, cubre su cuerpo de la cabeza a los pies rápida y energéticamente de una capa abundante de jabón… El baño de jabón se puede tomar en cualquier periodo del año”.

La carencia de agua en las viviendas o la escasez de establecimientos que ofrecían el servicio del baño público impulsó al gobierno a atender a la gente desaseada de la capital. Así, para el año de 1901, la capital contaba con la honrosa cantidad de TREINTA baños públicos. Es decir, uno por cada 12mil o 15mil habitantes.

Claro, el jabón iba por cuenta del bañista. Sin embargo, se calcula que si los pobres osaran adquirir jabón, este deseo les hubiera costado cerca del 25% de sus ingresos. Así que por lo anterior, con justa razón o no, los médicos se sentían con el derecho a exigir:

“Es necesario que la gente semisalvaje y pobre dispusiera de baños y lavaderos públicos, no tanto por su propio bienestar sino para proteger la salud del resto de los habitantes”.

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