Home / Salud / Nuestra adorada caja tonta

Nuestra adorada caja tonta

Todos nosotros, al nacer, teníamos unas 10 billones de neuronas. Después, en nuestros primeros tres años de vida, invertimos esfuerzos añadiendo billones de células grial que sostuvieron y cuidaron esas, nuestras valiosas neuronas.

Éstas células nerviosas cuentan con un conjunto de fibras, dendritas, que parecen ramas torcidas, las cuales reciben los mensajes provenientes de otras neuronas. En el extremo opuesto, las neuronas poseen una extensión en forma de tubo largo y delgado denominado axón, encargado de transportar mensajes para otras células.

Cuando cumplimos 6 años, nuestro cerebro era dos terceras partes del tamaño del cerebro de un adulto pero teníamos siete veces más conexiones entre las neuronas que las de un adulto. ¿Y qué pasó?

Sin el estímulo adecuado, nuestro potencial de desarrollo terminó a nuestros 10 – 11 años cuando irremediablemente perdimos 80% de las conexiones neurales. Porque, tal parece que lo que no desarrollamos o no se usa, simplemente se pierde. El estímulo tiene que estar presente para que la capacidad se desarrolle o evolucione.

Pues bien, una de las cosas que suceden cuando miramos la televisión, es decir, la niñera cíclope, es que el hemisferio derecho del cerebro está doblemente activo que el izquierdo. El hemisferio derecho es el área del cerebro más intuitiva y responde particularmente a las imágenes visuales.

Otras zonas del cerebro quedan inactivas mientras observamos la televisión: la zona media y el neocórtex. El neocórtex es nuestro cerebro más elevado o desarrollado del pensamiento al cual le lleva unos 5 a 10 segundos procesar la información después de un estímulo.

Sin embargo, la mayor actividad se desplaza al sistema límbico y la región inferior del cerebro, el cual, se limita a reaccionar al entorno. Para mayor drama, importante es decir que estas zonas inferiores del cerebro, no distinguen entre la realidad y la ficción, simplemente reaccionan como si todo fuera real liberando hormonas a diestra y siniestra.

Es decir, se libera un torrente de químicos y opiáceos naturales del organismo: endorfinas, betaendorfinas y encefalinas. Así que al final y por tanto, la televisión parece ser nuestro propio y personalizado centro de suministro de drogas duras de alta tecnología.

Pero no está todo perdido, afortunadamente, también existe la plasticidad, en la cual los adultos pueden hacer nuevas conexiones dendritas, aunque el esfuerzo ha de ser mucho mayor para poder lograrlo.

¡Ser aficionado a la lectura, es una solución!

 

Recibe lo mejor de Un día más Culto en tu mail
Suscríbete a nuestro newsletter y recibe nuestro mejor contenido

Dejar un comentario

Desplazar hacia arriba