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El tiempo preciso en la Tierra

Conocer algo que no se puede ver, oír, escuchar o tocar, puede ser todo un reto. Y peor aún, medirlo a precisión, suena a labor titánica. Los primeros relojes se valieron de la trayectoria solar, pero en nuestros días, la precisión se logra con métodos bastante más sofisticados.

Comparado con el reloj mecánico, el cual basa su funcionamiento en un péndulo que mediante su oscilación mueve una serie de engranajes asociados, el mega moderno reloj atómico se basa en el control de los estados cuánticos de iones individuales atrapados en trampas electromagnéticas y en conjuntos de átomos neutros fríos en redes formadas por láseres.

Dicho de otro modo, el reloj atómico explota las propiedades de ciertos niveles atómicos en las que los electrones al ser excitados cambian de nivel liberando energía en forma de radiación, cuyas propiedades quedan definidas por los niveles entre los que salta el electrón.

Es justamente, la frecuencia vibratoria de radiación emitida lo que utiliza el reloj atómico como patrón universal. Así, la unidad de tiempo se mide en función de estas vibraciones por lo que, un segundo es la duración de 9,192,631,770 oscilaciones de radiación emitida en la transición del isótopo 133 del átomo de Cesio, a temperatura de 0 grados kelvin.

Justamente fue en 1955 en Inglaterra donde se construyó por primera vez el reloj atómico basado en el elemento Cesio y por tanto, en 1960 se formalizó el concepto de “tiempo universal coordinado”. Para 1972 se adoptó oficialmente el nombre de Universal Time Coordinated (UTC) concepto que requiere de dos componentes para su correcta definición:

International Atomic Time (TAI)

Se refiere a una escala de tiempo que combina el resultado de unos 200 precisos relojes atómicos de 50 laboratorios repartidos por todo el mundo. Brinda prioridad a los más precisos y proporciona la velocidad exacta de nuestros relojes.

Universal Time (UT1)

Conocido como tiempo astronómico o solar que se refiere a la rotación de la tierra. Ésta varía ligeramente a causa de que la rotación, influenciada por la Luna y otros fenómenos, tiene tendencia a frenarse perdiendo un segundo cada pocos años. Por lo tanto, cuando la diferencia se aproxima a 0.9 segundos, se agrega un segundo intercalar. Desde 1972 se han intercalado 27 segundos, el último el 31 de diciembre de 2016.

Los segundos intercalares generan cambios en los equipos de cómputo, sistemas de navegación, tráfico, control aéreo y GPS. Por ello, existe una discusión sobre si seguir modificando el tiempo segundo a segundo, o bien, esperar unos 500 o 600 años e introducir una hora completa de una sola vez.

Sea lo que se decida, probablemente sean ajustes que nuestra existencia, no percibirá.

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